lunes, 7 de marzo de 2011

asphyxia

Las noches sin su compañía eran como intentar respirar en el agua, asfixiantes, agobiantes, claustrofóbicas y sobre todo interminables. Pero siempre aparecía al amanecer, en el preciso instante en que los pulmones ya no dan más de si, cuando tu cuerpo se ve sacudido por fuertes convulsiones, buscando él mismo el aire que tú no le quieres dar, entonces un rayo de vida y luz deshacía la marea, y un doloroso pero placentero oxígeno se colaba en tu cuerpo llegando hasta la más insignificante célula, que se cargaba de vitalidad otra vez.

1 comentario:

  1. que preciosa entrada! voy a seguir cotilleando, pero antes de despedirme quería invitarte a mi baúl,por si quieres compartir algún sueño con todos los amigos de Coquette.
    te espero!
    hasta pronto =)

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